domingo, 28 de julio de 2013

LA MENTE QUIETA, LA MENTE SENCILLA


Cuando estamos conscientes de nosotros mismos, no es todo el movimiento del vivir, un modo de dejar al descubierto el YO, el ego?



El YO; el SI MISMO, es un proceso muy complejo que puede ser descubierto solamente en la relación, en nuestras actividades cotidianas, en la manera como hablamos, como juzgamos, como calculamos, como censuramos a otros y a nosotros mismos. Todo eso revela el estado condicionado de nuestro propio pensar. No es importante; pues, darnos cuenta de todo este proceso?

Solo mediante la percepción; de instante en instante y de lo que es verdadero, existe el descubrimiento de lo intemporal y de lo eterno. Sin conocimiento propio, no podemos dar con lo eterno. Cuando no nos conocemos a nosotros mismos; lo eterno se vuelve una mera palabra, un símbolo, una especulación, un dogma, una creencia, una ilusión por medio de la cual la mente puede escapar. Pero si uno empieza a comprender el YO; en todas sus diversas actividades cotidianas, entonces, por obra de esa comprensión misma y sin que haya esfuerzo alguno, surge a la existencia lo innominado y lo intemporal. Pero lo intemporal, no es una recompensa por el conocimiento propio. No se puede tratar de obtener lo eterno; pues la mente, no puede adquirirlo. Se manifiesta a si mismo, solo cuando la mente esta quieta; y la mente puede estar quieta únicamente cuando es sencilla, cuando ya no acumula, ni condena, ni juzga y tampoco sopesa. Solo la mente sencilla puede comprender lo real; no así la mente repleta de palabras, de conocimientos y de informaciones. La mente que analiza y que calcula, no es una mente sencilla
 Conocerse a SI mismo

Sin conocerse a sí mismo; haga uno lo que hiciere, no es posible el estado de meditación. Entiendo por conocerse a si­ mismo, conocer cada pensamiento, cada estado de ánimo, cada palabra, cada sentimiento; conocer la actividad de la propia mente, no el Yo Supremo, el gran Yo. No existe tal cosa; el Yo Superior, el Alma, sigue estando dentro del campo del pensamiento. El pensamiento es el resultado de nuestro condicionamiento, es la respuesta de nuestra memoria; tanto de la ancestral, como de la inmediata. Si no hemos establecido primero; de manera profunda e irrevocable, esa virtud que adviene cuando nos conocemos a nosotros mismos, el mero intento de meditar es totalmente engañoso y absolutamente inútil. Por favor, es muy importante que aquellos que son serios, comprendan esto. Ya que si no lo hacen, su meditación y el vivir actual seria como estar divorciados, separados, tan amplia mente separado que; aun cuando uno pueda meditar, se adoptaría posturas indefinidamente por el resto de su vida, y no se verá más allá de su nariz. Cualquier postura que adopte, cualquier cosa que haga, no tendrá en absoluto sentido alguno. Es importante comprender; que es este conocerse a sí mismo: Simplemente, estar atento, sin opción ni preferencia alguna, al YO, el cual tiene su origen en un haz de recuerdos; solo estar conscientes de el sin interpretarlo, tan solo observar el movimiento de la mente. Pero esa observación se ve impedida cuando; por medio de la observación, uno se limita a acumular ideas sobre qué debe hacer, que no debe hacer y que debe lograr. Si procedemos así, ponemos fin al proceso vivo que es el movimiento de la mente centrada en el YO. O sea, tengo que observar y ver el hecho; lo actual, lo que es. Si esa observación la abordo con una idea, con una opinión; como la de NO DEBO, que son las respuestas de la memoria, entonces el movimiento de lo que es se ve obstaculizado y bloqueado; por lo tanto, no existe el aprender.

El vació creativo

No puede usted escuchar esto (El vació creativo) de la misma manera como la tierra recibe la semilla, y ver si la mente es capaz de estar libre, vacía? La mente puede estar vacía, solo comprendiendo sus propias proyecciones, sus propias actividades; no de vez en cuando, sino de día en día y de instante en instante. Entonces, se encontrara la respuesta, se verá que el cambio llega sin que se pida. Se verá que el estado de vació creativo no es algo que pueda ser cultivado; está ahí, adviene misteriosamente y sin invitación alguna. Y solo en ese estado, hay una posibilidad de renovación; de que ocurra algo nuevo, una revolución interna.

El conocimiento propio

El recto pensar llega con el conocimiento propio. Si no nos comprendemos a nosotros mismos, nuestro pensamiento carece de base; sin el conocimiento propio, lo que pensamos no es verdadero. Yo y el mundo no somos dos entidades diferentes con problemas separados; yo y el mundo, somos uno. Mi problema es el problema del mundo. Yo puedo ser el resultado de ciertas tendencias, de influencias ambientales, pero en lo fundamental no soy diferente de otro. Internamente somos todos muy semejantes: A todos nos impulsa la codicia, la mala voluntad, el miedo, la ambición, etc. Nuestras creencias, esperanzas y aspiraciones tienen en todos una base común. Somos todos uno, somos una sola humanidad, aunque nos dividan las fronteras artificiales de la economía, la política y el prejuicio. Si mato a otro, me estoy destruyendo a mi mismo. Uno es el centro de lo Total; si no se comprende a si­ mismo, no puede comprender la realidad. Tenemos un conocimiento intelectual de esta unidad, pero mantenemos el conocimiento y el sentimiento en secciones diferentes; en consecuencia, jamas experimentamos la unidad extraordinaria del ser humano.

La relación es un espejo

El conocimiento propio no lo es de acuerdo con alguna fórmula. Uno puede acudir a un psicólogo o a un psicoanalista para averiguar acerca de si mismo, pero eso no es conocimiento propio. El conocimiento propio surge cuando estamos atentos a nosotros mismos en la relación, la cual revela lo que somos de instante en instante. La relación es un espejo en el cual podemos vernos tal como realmente somos. Pero pocos tenemos la capacidad de mirarnos tal cual somos en la relación; porque inmediatamente comenzamos a censurar o justificar, lo que vemos. Juzgamos, evaluamos, comparamos, negamos o aceptamos; pero jamás observamos verdaderamente lo que es, y para la mayoría de las personas esto parece lo más difícil de hacer. No obstante, solo esto puede dar comienzo al conocimiento propio. Si en este espejo extraordinario de la relación; el cual no deforma nada, podemos vernos así como somos, si simplemente tenemos la capacidad de mirar con atención plena en este espejo y ver realmente lo que es. Estar atentos a ello sin condenar, ni juzgar, ni evaluar; y uno mira así cuando hay un iteres serio, encontraremos que la mente puede liberarse de todo su condicionamiento. Solo entonces, está libre para descubrir lo que se encuentra más allá del campo del pensamiento. Al fin y al cabo; por erudita o insignificante que la mente sea, está consciente o inconscientemente, limitada, condicionada, y cualquier extensión de este condicionamiento sigue estando dentro del campo del pensar. Así pues, la libertad es algo por completo diferente.

Krishnamurti
La Mente quieta, la Mente sencilla por Krishnamurti


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